María del Carmen Aranda: Ser escritor, ¿vocación o profesión?

María del Carmen Aranda cursó estudios en Suiza y se diplomó en Comercio Exterior en España; actualmente ejerce un cargo de responsabilidad en una multinacional japonesa.

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Francis Bacon, filósofo y escritor británico, allá por el año 1620 dijo: “El saber es poder y el poder reside en el conocimiento”. En el transcurso de esta tarde hemos escuchado a los diferentes ponentes, como han sido Juan Miguel Salvador, David Vicente o Julia Barella, la gran importancia que tiene la difusión de la cultura. Yo siempre he sido una mujer bastante inquieta y observadora, como decía Julia (Barella), y muy tenaz para conseguir mis objetivos.

Mis primeros atisbos en la escritura creo que fueron a partir de los diez años. La profesora de Lengua y Literatura, esto ya lo he comentado en alguna ocasión, pero es que me marcó, pues nos pidió que hiciésemos una redacción de un libro de Azorín que consistía en las fiestas de un pueblo, y un palo, una cucaña, que había instalado en la plaza central. Los niños tenían que subir a ese palo alto para recoger el premio. Yo disfruté muchísimo con esa redacción, hice casi un libro. La profesora me dijo en cuatro ó cinco ocasiones que tenía que resumirlo mucho más. Como no sabía qué hacer, ya me sentía frustrada, al final cogí un folio en blanco y escribí: “El niño sube al palo y baja. Fin de la historia”.

Esto creo que me marcó en cierta manera y procuro siempre que los párrafos sean cortos con el mayor contenido posible. Cuando ya cumplí aproximadamente diecisiete, dieciocho años, dije: “Bueno, ya soy mayor, esta es la mía. Voy a ir a una editorial y a ver cuándo me cobran por editar un libro”. Y me dijeron: “Un millón de pesetas, guapa”. Y dije: “Uh, esto no es lo mío, yo no voy a escribir jamás”. Pero los que tenemos esa inquietud, al final vamos grabando esas imágenes, esos pensamientos, esas sensaciones, en nuestra nube. Dicen que ahora todo se queda ahí, en la nube: pues en la nube de mi mente. Y fue el detonante, Fernando, porque siempre hay un detonante para todo, ver a mi madre con lágrimas, estaba entristecida ante unas noticias, y me dije: “Tengo que contar su historia porque se merece este homenaje”.

Se ha hablado mucho de la Guerra Civil en España, de la postguerra, pero no tanto del pueblo llano, de los que verdaderamente sufrieron, y ahí fue cuando me decidí. Escribí su historia, la historia de una niña, las vicisitudes que pasó en la infancia junto a sus amigos y lo presenté a varias editoriales. Y, qué bien, porque, sí, me contestaron a los seis meses, algunas incluso a los seis, y me dijeron: “Está muy bien, pero tenemos el presupuesto ya cerrado con nuestros autores y nuestros escritores. Con lo cual, inténtelo usted el año que viene”. Casualmente, una editorial, Éride Ediciones, está en el Puente de Vallecas, circunstancias, casualidades, ¿quién sabe?, el libro transcurre en el Puente de Vallecas y, bueno, pues les gustó la historia. Y entonces me dijeron que adelante con la edición. Y yo no me lo podía creer, no conocía a nadie, ni editoriales, ni escritores, nadie. Y dije: “Uy, uy, uy, esto no puede ser tan fácil ni tan sencillo”. Me pareció un poco atípico.

Volvimos a hablar y, efectivamente, se editó; se editó Flores entre escombros, que fue mi primera novela. Y a partir de ahí pues el gusanillo ese que he tenido siempre… Me dejé llevar. Creo que, siempre, los autores, ante nuestro primer libro, nos doblegamos ante él, entregamos lo más íntimo que tenemos de nosotros. Seguí escribiendo dos años después, seguí publicando otra novela y los personajes siempre te dominan. La tercera novela fue a los tres años, en total son nueve. La primera la empecé en 2008, una crítica social; y este cuarto, Susurros al aire, que son relatos y algunos poemas.


[Fernando Pérez Sanjuán]: Me ha pedido que le hiciese algunas preguntas. Como mujer, ¿has tenido más o menos obstáculos?

Desde luego, las mujeres nos vemos como vosotros los hombres, pero el hombre no nos ha visto a la mujer igual. Digo esto porque el papel de la mujer en la literatura no ha tenido ni infancia ni adolescencia, ha aparecido vertiginosamente, como en los años que estamos viviendo. Hemos estado muy castigadas, muy castigadas. Desde tiempos de Aristóteles hasta escritores como Oscar Wilde o Ramón y Cajal, personajes misóginos que nos han hecho mucho daño. Las mujeres no podíamos, Fernando, escribir, ni poner nuestros nombres; teníamos que firmas con pseudónimos o con los nombres de nuestras parejas. Afortunadamente, en la literatura la escritora hoy en día hace una literatura universal y no esconde su biología.

Pero, fíjate, leyendo el otro día unos artículos decían que en The New York Times Review of Books, analizan entre una y dos obras de mujeres frente a 45 de hombres. O sea, que todavía nos queda un largo camino por recorrer.

[Fernando Pérez Sanjuán]: Por eso te lo he preguntado. ¿Qué cambiarías del panorama literario actual?

Pues la verdad es que cambiaría muchas cosas. En primer lugar, a no ser que seas un escritor consagrado, o que tengas una buena cuenta corriente, pues tienes muchas dificultades (para publicar). Si tienes una buena cuenta corriente puedes comprar escaparates, puedes publicitarte a ti mismo y puedes sacar muchas ediciones. Los escritores que estamos comenzando y que vamos con muchos sacrificios, con el boca a boca, lo tenemos bastante complicado. Creo que, sin duda alguna, los apoyos de autoridades y los centros para hacer este tipo de eventos (como el Congreso) es importantísimo.

La reducción, por ejemplo, de las tasas en los libros en papel y en digital, lo que es en la cultura, debería de eliminarse porque todo el mundo tiene derecho a la lectura, todo el mundo tiene derecho a una cultura libre. Y quizás de alguna manera premiar a los medios de comunicación porque están sometidos a la productividad. Lógicamente, la cultura no les produce beneficios, por lo que, ¿qué es lo que hacen? Pues tienen una tendencia a la prensa rosa o a programas sensacionalistas.

También quería comentaros que la imagen de un escritor, desde mi punto de vista, ha cambiado bastante. Hace unos años veíamos al escritor encorsetado, sobrio, nos daba hasta un cierto miedo respetuoso el hablar con él. Y, sin embargo, actualmente los autores, escritores de hoy por hoy, salimos a la calle, interactuamos con los lectores, con el público en general, nos damos a conocer con el tú a tú y de verdad que hay veces que tenga la sensación de si no seremos los trovadores del siglo XXI, pues somos los voceros dentro de cada grupo.

Antes del turno de preguntas, me gustaría hacer un último ruego. ¿Qué consejo le darías al escritor que empieza ahora mismo y que va a empezar el camino para publicar un libro?

Pues que tenga perseverancia, constancia, que aplique su imaginación y, desde luego, que no se piense que esto es un camino de rosas. Es un camino muy arduo, muy difícil, no siempre es reconocido ni, por supuesto, bien pagado. Ahora bien, que él escriba lo que sienta de verdad, lo que le salga del corazón y lo demás irá viniendo por su propio peso.

Antes de empezar con el turno de preguntas, quería comenzar a un compañero. Quería dar las gracias por este día y animaros a que sigáis proyectando en los demás la lectura, porque como dice un amigo nuestro, que todos conocemos en este mesa, Víctor J. Maicas, “personas como vosotros hacen que los no cuerdos de este mundo, puesto que todavía son capaces de creer, pero sobre todo de soñar, podamos alcanzar, al menos de una forma imaginaria, la felicidad”.

Turno de Preguntas

¿Los dos pensáis que el escritor es una persona que ve el mundo de otra manera, que es más alegre, más abierto?

Bueno, hay de todo, pero creo que los autores que están surgiendo ahora son más abiertos, interactúan más con la gente, se abren más. No son tan sobrios, no como los veíamos antes.

Llevo 47 libros escritos y sólo uno me lo ha publicado un editor porque es amigo mío. ¿Hay que pensar que realmente la única manera de publicar es tener un padrino?

El tener un padrino, desde luego, ayuda muchísimo. Ayuda mucho. Pero si eres constante, tenaz, perseverante… tú tienes tu obra y al final la publicas. Cuesta, ¿eh?

A mí me lo vas a decir…

Pero si no te la publican, la publicas tú. Porque tenemos grandes escritores que han publicado sus grandes obras.

De mis nueve libros, ocho me los he publicado yo…

Pues muy bien.

Pero es que estoy viendo que no se van a publicar el resto porque no tengo ningún padrino.

Publícatelas tú.

 

 

 

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