David Vicente: La necesidad de leer y la necesidad de ser leído

David Vicente es corrector, lector y editor para distintas editoriales, y redactor freelance para prensa gráfica, radio y televisión. Dirige la escuela creativa La Posada de Hojalata e imparte talleres de escritura creativa.

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Voy a leer el discurso, pero quiero recoger el guante sobre cómo veo la cultura en general. Bueno, concretamente en esta ciudad, yo no sería tan generoso con esta ciudad. Yo soy alcalaíno y quiero hacer un paréntesis crítico con esta ciudad, pero no sólo con las instituciones, que hay motivos también para serlo, sino críticos con nosotros mismos. Es el primer congreso de escritores que se celebra, este salón de actos debe tener una capacidad de ochenta o cien personas, y hay muchas sillas vacías. Papá Estado no es el responsable, también lo somos nosotros. Esta ciudad vive más de la estética y de un pasado histórico que de una realidad actual. Los que trabajamos por la cultura lo sabemos muy bien. Es una ciudad lamentable que no difiere mucho de cualquier otra ciudad de las que nos ponemos por encima, sea Parla, Leganés, Aluche o Teruel. Somos igual de nefastos culturalmente, desgraciadamente. Y lo siento mucho por esta ciudad. Yo soy alcalaíno, pero no se puede estar orgulloso de una ciudad que da la espalda a la Historia cada día más. No podemos estar viviendo de Cervantes durante 500 años, vivamos del presente, que también lo tenemos, y contribuyamos a hacerlo todos, los alcaldes no son sólo los responsables, también lo somos los ciudadanos.

En este congreso, que apenas cuesta una miseria, mucho menos que dos cañas y tres comidas, no hemos venido nadie. Y contando con que, probablemente, la mitad no sea de Alcalá, esto dice muy poquito a favor de la ciudad. Puede ser que no se haya publicidad mucho, pero hay carteles en todo el centro, ha salido en medios de difusión, el otro día (en alusión al jueves 6, una entrevista a él y al ponente Fernando Pérez Sanjuán en Cope Madrid) en la Cope… Probablemente nunca sea suficiente y yo, en cualquier caso, no quiero personificar en nadie. Probablemente usted sea una persona que contribuya a la cultura igual que otros muchos. Nos podemos poner donde queramos, uno se puede poner frente al espejo, yo puedo mirarme al espejo y creerme Brad Pitt, pero no lo soy. Alcalá es una ciudad que vive mayoritariamente, y no digo usted, de espaldas a la cultura, por mucho que tenga un pasado histórico y cultural. Pero es un decorado escénico. Sí, tenemos la universidad, tenemos cual… pero esta sala es la que es, y está como está.

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Cuando me pidieron ser parte de este congreso y contribuir a él con una ponencia, me planteé qué tipo de discurso era el adecuado. O más bien qué tipo de discurso podía plantear alguien como yo. He pasado, y no lo digo con prepotencia porque tiene mucho menos glamour del que se puede pensar, por todos los escalones del sector editorial. He ejercido como librero, como redactor de contraportadas, de solapas, de editor y, cómo no, de autor. ¿Quién no es autor en estos tiempos? Actualmente dirijo una escuela creativa en la que la enseñanza creativa es parte importante de ella. Así que muy bien podría convencerles, en un intento de captar alumnos, de lo imprescindible que es este tipo de escuelas para mejorar vuestra calidad literaria. Pero os estaría mintiendo. Las escuelas de escritura, excepto la de Julia Barella, en ningún caso son imprescindibles, lo que no quiere decir que no sean útiles. Si les parece, las aparcaremos por un momento.

No va a ser el mío un discurso autocomplaciente, como ya ha empezado, ni complaciente con el auditorio, os lo advierto de antemano. De lo contrario, sería engañarme a mí mismo que, como decía el sabio, es la peor de las traiciones que uno puede cometer. Cada vez estoy más sorprendido de que en un país en el que apenas se lee haya tal cantidad de personas que escriben, sobre todo si lo comparamos con cualquier disciplina, ya no artística, sino de cualquier otra índole. Supongo que la literatura tiene una ventaja sobre el resto de las artes: se vale de la palabra. Pero también se trata de una desventaja porque, precisamente, lo que el escritor debe hacer es aprender a desarmar el lenguaje con el que se lleva lavando los dientes, poniéndose los calcetines y yéndose a la cama desde que tenía tres años, más o menos. Pero no sólo me sorprende de escribir de tal cantidad de personas, sino el deseo de publicar. Digamos, de jugar en Primera División, si me permiten el símil.

No es tanto una afición, sino que pretense ser una profesionalización de la escritura en toda regla. Sobra decir que uno tiene derecho a pretender lo que quiera ser en esta vida, incluso a conseguirlo. Es posible que si pone todo el empeño necesario y dedica el tiempo suficiente, termine por hacerlo. Pero hablemos de eso, de empeño y de tiempo. Si aparcamos por un momento la literatura, todos comprendemos que no parece muy complicado, sin apenas esfuerzo, golpear una pelotita con una raqueta, patear un balón de fútbol, pulsar las teclas de un piano o rasgar las cuerdas de una guitarra y conseguir que suenen. Tampoco conducir un coche, la mayoría tiene carnet o una moto. O realizar un dibujo en un papel. Al igual que otras muchas cosas, todo esto está al alcance de nuestro. Sin embargo, parece bastante más complicado ajustar la pelotita a la línea con la fuerza suficiente, hacer regates con el balón, sacar una melodía medianamente audible de un instrumento, competir dentro de un circuito de automovilismo o escribir un lienzo que merezca la pena ser expuesto.

A nadie, sin haber realizado antes el debido esfuerzo, puesto el consiguiente esfuerzo y haberse inmunizado ante el fracaso, se le podría pedir competir en Roland Garros junto a Rafa Nadal por el mero hecho de poder atizar la pelota con la raqueta. O presentarse a las pruebas para ingresar en el Real Madrid por ser capaz de chutar un balón. O intentar que nos fiche una escudería de Fórmula 1 por haber obtenido el B-1. O que nos expongan los garabatos que hemos hecho. O que nos contrate la Orquesta Filarmónica de Viena por haber sido capaces de aporrear un instrumento. Si hiciéramos algo similar, quedaríamos expuestos al más absoluto de los ridículos, es probable que tuviéramos que soportar unas cuantas carcajadas. Incluso quién sabe si no nos tomarían por enfermos mentales y acabaríamos siendo objeto de pruebas médicas que certificasen nuestro buen estado de salud.

Pues con la literatura no es así. El 90% de los manuscritos que reciben las editoriales y las agencias literarias son de “autores” que llegan a la conclusión de que si saben hablar y son capaces de copiar una dirección en un papel, ¿por qué no escribir una novela o un poemario? Como leí una vez en una entrevista a Stephen King, simplemente es cuestión de poner una palabra después de otra. No ha de ser tan complicado contar una historia y pensarlas, las barras de cualquier bar están llenas de cientos de buenas de ellas. Dudo que lean ni siquiera 20 libros, siendo generosos, al año. De hacerlo se darían cuenta de que la distancia entre sus textos y los de Cormac McCarthy, pongo por caso, es la misma que entre jugar al pádel los domingos antes del vermú con tu vecino y entre un partido de Federer vs Novak Djokovic. Esto me lleva a una conclusión: a la mayoría de la gente le interesa más, como decía Marsé, el mundo literario que la literatura. Siente más la necesidad de ser leído que la necesidad de leer, que es el título de esta ponencia.

¿Cómo si no es posible que alguien que no paladea, que no ansía abrir un libro, quiera escribir uno? Pero no se confundan, este alegato a favor de la lectura no será una apreciación entusiasta del arte por mi parte, no la tengo. No creo que la cultura te haga mejor persona. ¿Acaso alguien pone en duda que un cabrero analfabeto de los Montes de Ourense, pongo como ejemplo, tiene probablemente más ética que los cultos sinvergüenzas que pueblan nuestro país? No. La lectura no te hace mejor persona, pero desde luego es la única forma de convertirse en escritor: leer mucho y escribir mucho, pero, sobre todo, leer mucho.

He comenzado diciendo que he pasado prácticamente por todos los escalones literarios, pero he obviado uno. Precisamente el único del que no me he apeado nunca: el de lector. Podría pasar el resto de mi vida, tanto da si me quedan cientos de años o apenas unos pocos días, sin escribir una letra más de las que ya he escrito. Me costaría, pero podría hacerlo. Sin embargo, no podría pasar uno solo sin leer aunque sea unas líneas. Podemos jugar a ser escritores, financiar nuestros propios manuscritos rechazados por tropecientas editoriales y dárselos a leer a nuestros familiares y amigos. Pero eso, afortunadamente, añado al texto, está a años luz de la literatura. ¿En qué lugar quedaría la literatura si fuera tan sencillo como atarse los cordones de los zapatos?

Decía Mark Twain que la diferencia entre la palabra precisa y cualquier otra es la misma que hay entre un rayo y una luciérnaga. Si ansiamos ser capaces de plasmar esa diferencia en un folio en blanco, si de verdad queremos intentar ser escritores y no solo jugar a ello en círculos pseudoliterarios, debemos formarnos. No en una escuela de escritura como la que yo dirijo. O no principalmente. Sino leyendo, leyendo, leyendo y leyendo. Y remitiéndome exclusivamente, ahora sí, que es para lo que me habían invitado, al papel que ocupan las escuelas de escritura, intentando contestar a las ya manidas, y en ocasiones aburridas preguntas, de ¿se puede aprender a escribir solo? Por supuesto que sí. ¿Es necesaria una escuela de escritura? Ya lo he dicho antes: claro que no. La mayoría de los grandes autores nunca pasaron por ninguna. Mucho menos en el sentido literal del término necesario. De hecho, si aplicamos esa misma literalidad a casi todo lo que imaginemos, probablemente la respuesta en la generalidad de casos también sería un rotundo no. Necesarias, lo que se dice necesarias, hay muy pocas cosas en este mundo de artificialidad que todos hemos creado.

Sin embargo, para centrar el debate no estaría de más redefinir, o simplemente definir, algunos términos. Por ejemplo: ¿a qué llamamos aprender a escribir? ¿Significa escribir convertirse en un escritor de éxito? Ya no digo tanto. ¿Significa escribir alcanzar una publicación de cierta notoriedad? Extrapolemos por un instante el mismo debate a la música: serían pocos los que pusiesen en duda que una escuela de música pudiera enseñar a alguien a tocar un instrumento de un modo más o menos torpe. O de un modo más o menos virtuoso. Pongamos por caso la guitarra: ¿de verdad se mide el fracaso o el éxito de las escuelas en base a si todos sus alumnos se convertirán a su salida en estrellas, o en grandes concertistas, o en reputados guitarristas? Se asume que el aprendizaje musical más allá de tu talento, tu esfuerzo y tu dedicación, tiene una serie de características técnicas que pueden ser enseñadas y aprendidas. Luego, claro, todo dependerá de cuáles sean tus objetivos personales y sobre todo de cuál sea el sacrificio y las renuncias a los que estés dispuesto a someterte, porque principalmente se aprende a tocar un instrumento tocándolo, hasta obtener callosidades en los dedos y escuchando una y otra vez a los virtuosos.

Igual que, repito hasta el aburrimiento, se aprender a escribir escribiendo, rompiendo folios o mandando archivos a la papelera de reciclaje. Y leyendo, sobre todo a los grandes. ¿Quién puede poner eso en duda? Parece difícil cree que alguien, por el mero hecho de acudir a clases de piano un par de horas por semana pueda entrar a formar parte de la Orquesta Filarmónica de Viena si no pone bastante más por su parte. A no ser que haya sido dotado con un don divino, que se escapa al común de los mortales. A lo sumo, conseguirá deslumbrar a unos cuantos familiares en una reunión informal, con una serie de acordes aprendidos. Sin embargo, nadie cuestiona por ello la validez de este tipo de centros. ¿Por qué entonces hay quien critica las escuela de escritura con argumentos del tipo “Están ideadas para conseguir que las elites lleguen a final de mes”? Lo leí el otro día en un artículo de ‘El País’. ¿No será precisamente lo contrario, que ciertas elites temen que se desmitifique la profesión escritor, hasta ahora insuflada por un aire de misticismo, y se llegue a la conclusión de que la creación literaria está mucho más al alcance de lo que parece, con el debido esfuerza y trabajo, obviamente?

Dejando aparte por un momento las disciplinas artísticas, ¿se puede aprender a parir? No parece que haya mucho que enseñar en un acto tan natural y cotidiano como el acto de parir. Un acto para el que la mujer, en este caso, ha sido predispuesta de manera genética. Sin embargo, son pocas las mujeres, y las parejas de las mismas, que rechazan hoy en día la asistencia a una clase pre-parto en los países occidentales donde se imparten a través de la Seguridad Social. ¿Son necesarias para parir? Pues difícil disertarlo, la especie humano lleva reproduciéndose miles y miles de años sin ellas. ¿Son útiles? Pues supongo que no está de más que alguien, sobre todo si eres primeriza, te explique en qué consiste la experiencia, que te muestre algunas técnicas de respiración, de relajación, te advierta sobre algunos errores motivados por los nervios que pueden ser contraproducentes, sin obviar, además, el beneficio de poder compartir tus dudas tanto con tu matrona como con el resto de las asistentes a las clases. Esto no quita, por supuesto, que en último término una se encuentre sola en el paritorio y no tener otra como apretar los dientes y desear, como decían las abuelas, que sea una horita corta

También, en último término, uno está solo ante el folio en blanco, con o sin escuela de por medio. Y volviendo a la escritura de nuevo, es mucho más distinta a la música, que poníamos antes como ejemplo, en ciertos aspectos. Los talleres literarios te pueden mostrar una serie de técnicas, te pueden acortar el camino del aprendizaje si estás dispuesto a instruirte, te pueden allanar algunos terrenos por los que algunos pasaron en su tiempo con algún que otro tropiezo. Te pueden ayudar a acercarte a la literatura, a seleccionar tus lecturas e, incluso, a enamorarte de ellas. Y, por supuesto, a compartir tus inquietudes y tus dudas con otras personas con intereses similares. Pero si alguien desea dedicarse a este oficio en serio tendrá que poner mucho de su parte, como para casi cualquier profesión. Impermeabilizarse ante el fracaso y teclear una y otra vez sin descanso, aun cuando las ideas no fluyan como desearía.

¿Se puede enseñar a escribir? Tanto como se puede enseñar a colocar los dedos en los trastes de una guitarra para que salga una nota similar a “fa”. O tanto como se pueden enseñar técnicas para que el parto sea algo más llevadero. Pero hace música en mayúsculas ni qué decir tiene que es otra cosa muy distinta a tocar dos o tres cancioncillas recurrentes al calor del aplauso de los amigos. ¿Es útil una escuela de escritura? Tan útil o tan inútil como lo es recibir clases de inglés un par de días por semana durante una hora si luego aparcas los libros en el estante y no los vuelves a recuperar hasta el día siguiente y no te preocupas de practicar el idioma sino sólo dentro del aula.

Pero quizás, ya lo decía Churchill, y volviendo al principio, el problema de los hombres sea que no quieren la utilidad, sino la importancia, la necesidad de ser leídos y no la necesidad de leer. No. Las escuelas de escrituras per se no son ninguna catapulta hacia ningún prestigioso galardón literario, ni hacia la escritura. Pero leer, y leer, y leer, sí lo es.


Respuestas al turno de preguntas:

Tengo 14 años, y para los que son noveles como yo, ¿qué piensas de eso que es nacer escritor?

Bueno, ya de momento, lo que pienso, es que para mí lo más interesante es que una persona de catorce años, en este sala, sea la primera que coja el micro, tome la palabra y haga una pregunta. Pienso, que, efectivamente, si has nacido escritora… Yo, fíjate, lo decía antes, pero lo sigo diciendo: uno no nace escritor, uno nace lector, y ya nacer lector es un paso hacia conseguir ser escritor un día, y ojalá lo seas. Y ya vas por un muy buen camino, porque si ya has nacido lectora, seguramente llegarás a ser una escritora. Yo creo, en general, y no sé si contesto a tu pregunta, que todo el mundo podemos llegar a ser casi lo que queramos en esta vida. Como decía, lo completo un poco, yo podría haber jugado al fútbol, yo soy muy futbolero y, además, aprovecho para reivindicar que el fútbol no está reñido con la literatura, mal que a algunos pedantes les pese. Y yo podría haber llegado a jugar en Primera División, pues podría haber llegado, pero claro, a lo mejor no entrené lo suficiente, no puse todo el empeño y preferí estar haciendo otras cosas. Pero jugar en Primera División, evidentemente, no te convierte en Lionel Messi. Yo creo que todo el mundo puede llegar a escribir una novela correcta con el debido esfuerzo y empeño. Que sea divertida y que sea entretenida. Todo el mundo podemos llegar a ser escritores. Ser escritores, evidentemente, no es ser Hemingway, ser Hemingway es otra cosa. Para ser Hemingway se nace y probablemente para ser Messi también se nace. Otra cosa es que si a alguien le unes esa vocación, ese talento innato, a un trabajo, trabajo, trabajo, acabará siendo Hemingway, acabará siendo Messi.

El talento es importante, pero el talento sin trabajo no es nada. O sea, una persona que trabaja llegará más lejos que una persona que tiene talento pero no lo hace. Evidentemente, si unimos el talento al trabajo de repente se producen fenómenos fascinantes que se producen cada cincuenta, veinte o cien años como Messi, Hemingway, Mozart y demás. Pero no todo el mundo podemos aspirar a eso. Se puede ser feliz también jugando en el Elche o teniendo una novela en la estantería sin necesidad de ser Hemingway.

¿Qué opinas de todas las empresas, de pequeñas editoriales o pseudoeditoriales que te prometen publicar un libro, que son una serie de estafadores?

Efectivamente, pienso igual que tú, que la gente se aprovecha de las ilusiones de las personas y me parece nefasto. Me parecen mal esas empresas. Antes he hablado de autofinanciarnos nuestros manuscritos. Yo no estoy en contra de nada, en contra están los gobiernos autoritarios, que ya tenemos unos cuantos de distinto color, yo no estoy en contra de nada. Pero a mí lo que me parece es que hay empresas que se aprovechan de las ilusiones. Yo creo que la labor del editor es importantísima. Desafortunadamente, hoy en día se está denostando todo: se está denostando la labor del editor, la labor del escritor y la labor de todos, y está quedando todo hecho un auténtico desastre. La labor el editor me parece imprescindible. ¿Que alguien se autopublique? Pues bien. Si alguien cree que su novela tiene calidad… Uno debe mirarse en el espejo e intentar que el espejo le devuelva un reflejo real de lo que está viendo. Es lo que digo, yo me miro en el espejo y sé que no soy Brad Pitt, pero puedo vivir feliz sin ser Brad Pitt. Es más, se puede ser feliz sin escribir, si no eres escritor no pasa nada, puedes ser feliz, hay vida más allá de la escritura.

Pero esas empresas que de repente te metan 2.500 euros por hacerte una tirada de 500 ejemplares y que no ponen a tu servicio ningún corrector, una portada lamentable, un papel Word de papel blanco, que es absolutamente demencial, y luego todos sabemos que eso se va a quedar en vender libros a sus cuatro amigos, me parece lamentable. Me parece lamentable no por parte de quien publica, sino por parte de quien se está aprovechando de eso. Yo he sido editor y una tirada de 500 ejemplares, que encima parece que te están haciendo un favor, no vale 2.500 euros. Ya se lo digo yo, que he sido editor y le puedo hacer aquí las cuentas. Pero la gente se aprovecha de eso, de las ilusiones de las personas. Y salen ganando mucho dinero. Y no he visto sólo eso, yo he visto libros de autoedición que, independientemente de si tienen más o menos calidad literaria, no viene “vaso” con “b” de milagro. Es como, por lo menos, en 2.500 euros que te incluyan un corrector, un maquetador en condiciones y un libro de calidad por lo menos en el diseño. porque has pagado 2.500 euros. Y yo he estado al frente de una editorial y en editar 500 ejemplares, ni los costes de edición, ni la imprenta, un corrector ni una maquetación profesional valen 2.500 euros.

Con lo cual, esas editoriales, que sepamos también, y siento si hay aquí algún editor de autoedición, que a lo mejor no es el caso, porque no son todas y estos son términos generales, habrá editoriales muy buenas, están viviendo de las ilusiones de la gente. Y les importa probablemente tan poco la literatura como le importa a cualquier ciudadano que no ha leído en su vida. Son editores que ni han leído ni les importa. Y es la verdad, y siento que mi discurso sea así, tan cañero, pero es la verdad.

Y añado: también hay gente que no autopublica, relativamente, pero que publica dentro de editoriales grandes, Planeta, Plaza & Janés y demás, son gente que tiene dinero, pero se paga su propia publicación dentro de Planeta y Plaza & Janés para decir que le han publicado Planeta y Plaza & Janés. No lo hacen: les están pagando el libro. Planeta dice: yo te publico el libro, pero publicar en Planeta cuesta 50.000 euros. Y famosos ricos lo hacen y es absolutamente lamentable, lamentable. Es más, ¿qué se considera uno a sí mismo haciendo eso?

¿Y no es también muy lamentable que ciertas editoriales, en vez de hacer una publicidad adecuada, lo que hace es buscar a un señor que ya tiene premios, hablar con él y después hacer un concurso literario y que este señor escriba un libro que ya va ser publicado previamente?

Es lamentable, efectivamente. Pero me parece más lamentable lo otro. Pero eso es como cuando le preguntaron a Savater si el Planeta si el Planeta era esto y decía Savater: ¿Existen los Reyes Magos? Bueno, pues si entramos en el juego… Cualquiera sabe que el Planeta es una campaña de promoción y ya está. Evidentemente es un premio dado. Hablando de los premios, a mí que los premios estén o no estén dados a partir de una cierta calidad no me parece un problema. ¿En qué sentido? Siempre en la vida hay un factor diferencial, es decir: cuando tú vas a una entrevista de trabajo, ante dos currículums iguales siempre hay un factor diferencial que te motiva a elegir a una persona. A veces ese factor diferencial es que esa persona es de Valladolid como tú; a veces, que resulta que lleva unas zapatillas de tu marca; o a veces que sale en la entrevista que le gusta el Atleti. Joder, pues a veces no sé a cuál elegir. Y a veces que también está buena y perdón por el comentario machista. O que está bueno. Pero mientras ese sea el factor diferencial, no hay ningún problema.

El problema es cuando no es un factor diferencia. ¿Qué quiero decir con esto? Que si la novela a la que se lo otorga el premio tiene calidad, pues no pasa nada en el sentido de que, ¿habría otra que también lo merecería? Pues probablemente, pero si una novela tiene calidad… Yo, por ejemplo, recuerdo el Premio Jaén (de novela), no sé si está dado, es decir, yo no soy experto en premios ni conozco a todos los jurados ni muchísimo menos. El Premio Jaén recuerdo que se lo dieron a Patricio Pron, un buen amiguete, por una novela llamada El comienzo de la primavera. Y es una novela cojonuda. Es decir, ¿el premio está dado o no está dado? Pues no tengo ni puta idea, la verdad, pero la novela es cojonuda. El problema es que cuando se le da (un premio) a novelas demenciales, que la lees y dices “¿pero qué mierda es esto?”. Ese es el verdadero problema.

Es decir, que cuando tú lees una novela que se la dan a un presentador de turno simplemente porque presentar un telediario, un informativo, un no sé qué y un no sé cuántos. Ése es el verdadero problema y eso es lo que juega en contra de la literatura. Porque nos equivocamos muchas veces también al pensar que Belén Esteban o la presentadora del magazine de turno, nos llenamos la boca de autocomplacencia. “Yo publico porque publica Belén Esteban”. ¿Pero qué tiene que ver Belén Esteban con la literatura? Tocamos públicos distintos, si al final estamos hablando de lo mismo… La gente dice: “Joder, en la Feria del Libro hay unas colas inmensas para ver a Belén Esteban y sin embargo para el escritor X…”. La pregunta es: ¿si no estuviera Belén Esteban, los que están en su cola están en la de Juan Marsé? Pues no. No rivalicemos con Belén Esteban.

El problema es el escritor que se nos vende de literario y que es una mierda de novela. Ése es el verdadero problema, no Belén Esteban. Belén Esteban pues tiene su vida y cada uno tiene su vida. Y eso no tiene nada que ver con la literatura. No nos ofendamos con Belén Esteban, ofendámonos cuando recibe un premio el presentador de turno que se nos vende como literario y se nos hace tragar como un embudo como si fuera una persona culta cuando no lo es, cuando es un analfabeto que ha leído cuatro. Belén Esteban, todos sabemos a qué juega y apenas nos miente.

El Planeta es un premio de referencia. El último es un escritor mexicano, , es un magnífico periodista dirige un periódico digital de enorme prestigio y es un hombre que a Planeta le interesa porque le interesa proyectarse en México…

Claro, de hecho he empezado hablando a favor de los premios. Tu discurso completa el mío, es que es lo que he dicho exactamente, estoy completamente de acuerdo contigo.

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